Armas contra los yihadistas

manuel-morales-dovalCuarenta países se comprometen a atacar al Estado Islámico, formado por crecientes millares de asesinos en Irak y Siria, coalición a la que se ha unido tras muchas dudas España, que enviará a Irak a 300 militares para entrenar al ejército local.

Los occidentales, incluidos los españoles, deberían aprenden a explotar los miedos del enemigo yihadista al infierno estudiando el por qué algunos kurdos poco religiosos empiezan a descubrir como artefacto de guerra a las mujeres.

Para los yihadistas lo que ellas tocan es impuro y su contacto los envía al infierno. Más rápidamente aún si ellas “contaminan” con sus fluidos menstruales los lugares, armas y municiones que emplean.

Siguiendo esta línea recordemos que los occidentales tienen también otra arma nada cruenta: los productos del cerdo, usados con éxito en diversas guerras, como cuando el general estadounidense John J. Pershing controló los levantamientos moros en Mindanao, Filipinas, entre 1909-1911.

Un bombardeo ahora de carne picada, por ejemplo, debe matar de miedo a los terroristas más bragados, que además de ir al infierno perderán sus 72 huríes paradisíacas.

Mohammed Atta describía en su diario, encontrado donde vivía antes de lanzarse contra una de las Torres Gemelas de Nueva York, cómo se purificó evitando todo contacto con lo haram, impuro, específicamente con cualquier producto del cerdo o elaborado por mujeres.

Pero en Occidente se consideran “derechos humanos” esas supersticiones religiosas, de manera que Barack Obama, en lugar de acabar con Al-Qaeda engrasando con cerdo a Bin Laden, resucitó su banda terrorista dándole respetuoso reposo islámico.

Probablemente habría evitado que aparecieran muchos más tipos como él proclamando, como Pershing, que había envuelto su cadáver en tocino, prometiendo igual tratamiento para todos los yihadistas.

Todavía hay tiempo para hacer igual con el Estado Islámico.

Fuente : crónicasbárbaras