José Javaloyes:»Ciberespionaje chino en USA»

JoseJavaloyesCiertamente no se trata de que el último ataque israelí sobre objetivos militares sirios, realizado horas antes de que Benjamin Netanyahu emprendiera viaje a Pekín para entrevistarse con las autoridades chinas, haya sido tarjeta de visita o carta de presentación ante éstas. Sabido de sobra es de los interlocutores del Primer Ministro de Israel las capacidades de decisión operativa en que normalmente se desenvuelven los gobernantes judíos, de forma muy especial cuando las circunstancias internacionales son de niveles tan críticos como las ahora cursantes en Oriente Próximo y Medio, más allá del sangriento asunto de la guerra civil siria, en la que ya han muerto más de 70.000 personas.

Me refería en mi nota de ayer, a propósito de cómo el dramático problema sirio encuentra en la compartida actitud rusa y china una de las primeras condiciones determinantes de su estancamiento, en la medida que sus respectivas capacidades de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU bloquean la posibilidad de que este órgano de gobierno de la organización internacional librara un mandato que permitiera zanjar el problema, especialmente en lo que toca al concreto asunto del empleo de armas químicas por parte de los beligerantes. Pues ocurre que, en el curso de las últimas fechas, se ha pasado de la presunción de que es el Gobierno de Damasco quien las está empleando contra los rebeldes, a la especie de que éstos han recurrido también al uso del gas sarín contra sus adversarios. Algo que encontraría su verosimilitud en el hecho de que fueran suníes de Iraq integrados en los contingentes sirios rebeldes a Damasco, los que dispondrían de este recurso letal, procedente del armamento de que disponía el régimen de Sadam Husein y que éste utilizó en un determinado momento contra los iraquíes kurdos.

Es éste un extremo del mayor interés para el análisis del problema sirio y de sus muy graves riesgos para el Mediterráneo oriental y el petróleo del Golfo, sobre el que el gigante económico chino tiene sus enormes y lógicas expectativas de suministro, tanto en la vertiente árabe como en la de la República Islámica de Irán. Nada de ocioso tiene, por tanto, el abordaje del problema por parte de Pekín en su encuentro con el visitante israelí, del que no es precisamente habitual interlocutor. Sobre todo si se le compara con Washington. Pero es precisamente el contexto actual de las relaciones chino-norteamericanas – el de la novedosa tensión por el concurso de una “beligerancia” nueva, la de la guerra cibernética- el que añade un interés cierto a la visita.

El paso de las genéricas alusiones estadounidenses a los merodeos informáticos de China, a la directa y solemne acusación de ataques de esta naturaleza, con el soporte del Informe Anual del Pentágono al Congreso, es novedad muy relevante, tanto más cuanto que desde medios de la Casa Blanca se califica tal informe de “trabajo profundamente coordinado”. Según fuentes gubernamentales estadounidenses el ciberespionaje se ha resuelto como uno de los ejes temáticos en las relaciones bilaterales entre Washington y Pekín. Hasta el punto de haberse convertido en el tema central de los viajes a China del Secretario del Tesoro, Jacob Lew, y del Jefe del Estado Mayor, el general Martin Dempsey.

Más allá de las circunstancias puntuales que hayan hecho aflorar ahora esta tensión chino-americana, nada tiene de extraño este nuevo espacio de conflicto entre las dos potencias. Al interés chino en capturar información relevante para su desarrollo tecnológico y económico, se añade el no menos incuestionable interés en programar el ajuste entre su rango como gran potencia económica y el correspondiente nivel como potencia militar, especialmente en su componente de potencia naval, tanto para lo que toca a sus pretensiones territoriales a lo largo de sus costas como a su presencia en el nuevo escenario del Pacífico, y muy especialmente en lo que corresponde a la seguridad de los Estrechos Orientales, por donde fluyen, por el Océano Índico, los suministros de petróleo procedentes del Golfo Pérsico. Sobre lo que tienen también que decir lo suyo Japón y Estados Unidos.

Fuente : republica