El Rey, el Príncipe y el ‘valido’

 

pablosebastian

La Pascua Militar ha aumentado la preocupación

de los españoles porque el monarca no levanta cabeza, y lleva dos años arrastrando los pies, el dolor y la preocupación que le genera su prolongada enfermedad de su varias operaciones de cadera que limitan su movilidad y presencia pública e institucional. Un largo contratiempo en un mal momento para la monarquía y para España que, unido a escándalos de la corrupción y de abusos públicos, como los que afectan a los Duques de Palma, Iñaki Urdangarin, la Infanta Cristina ambos ahora imputados en el caso Noos y a la presunta princesa Corinna -la íntima amiga del monarca-, ha provocado en la sociedad española un desapego creciente de la monarquía, amortiguado por la mejora de la imagen del Príncipe de Asturias y la tendencia favorable a la abdicación del monarca en favor de su hijo don Felipe, algo a lo que se niega y se resiste don Juan Carlos, como lo dejó claro en su reciente discurso de Nochebuena.

Una alocución grabada y retocada previamente, como la ‘glamurosa’ foto de la portada de Hola donde el milagro del Photoshop nos presentaba al Rey de hace veinte años. Nada que ver con el ‘photomatón o la penosa imagen del monarca en la Pascua Militar, donde don Juan Carlos apareció muy molesto al andar, dubitativo al leer su discurso -en donde no se incluyó la mención directa a la unidad de España, cuestión que se dejó en manos del ministro de Defensa, Pedro Morenés- y obligado a sentarse durante el acto (él y toda la familia) para mitigar así la imagen del Rey con muletas y su malestar. El Rey apareció muy afectado por su enfermedad y puede también porque tuviera noticias previas de que el juez Castro del caso Noos iba a imputar esta misma mañana a su hija Cristina por blanqueo de capitales y delito fiscal, como finalmente ocurrió.

Molestias y preocupaciones que le vienen al Rey, y conviene recordarlo, por la no vigilancia de Zarzuela de las andanzas de Urdangarín a a las que se dieron incluso cierta cobertura -como reuniones en los palacio de Marivent y Zarzuela- y especialmente por  la caída que l monarca sufrió en la cacería de elefantes en Bostwana en compañía de la famosa Corinna, lo que parecía ser un festejo relacionado con la ‘conquista’ del contrato del AVE de Arabia Saudita por empresas españolas (que veremos sí no acaban como Sacyr en Panamá), donde a buen seguro se repartieron unas suculentas comisiones, que Alá sabrá dónde están.

Por semejante episodio, en plena crisis económica y social del país, el monarca pidió perdón y ahí empezó su calvario político y personal, y su deterioro físico. El que la pérfida y entrometida Corinna describió con la frase de ‘el Rey es un anciano que lucha contra la enfermedad’ (sic), poco después de haber dicho a The New York Times que ‘el Rey es un tesoro’ -del que ella sacaba beneficios- y de presentarse en España como una agente de negocios del Gobierno de nuestro país y colaboradora en asuntos de seguridad nacional. Y por supuesto como ‘ocupa’ que fue de la mansión de La Angorilla sita en el monte de El Pardo, propiedad del Patrimonio Nacional. Asuntos todos ellos, que alguien desde el Gobierno o la Casa del Rey debió impedir y sobre los que se ha corrido un tupido velo, y que han causado escándalo en la ciudadanía y daño a la Corona y en el seno de la Familia Real. Todo un recital de lo que en nuestro país se llamó ‘el borboneo’.

En medio de esta crisis institucional de la Corona y de la monarquía aparecen con fuerza dos figuras notables: el Príncipe Felipe, quien ha suplido con acierto y diligencia las ausencias del Rey y ha ganado el aprecio de una mayoría de españoles -como también lo reflejan las encuestas favorables al inicio de su reinado-; y el jefe de la Casa del Rey, Rafael Spottorno, un personaje ambivalente que ha actuado con acierto en momentos difíciles pero también con imprudencia y que recuerda el papel de los ‘validos’ en el tiempo de los Austrias, y que ha crecido en influencia tanto política como institucional dentro de la monarquía y de la Familia Real, ocupando el vacío que ha ido dejando el monarca y asumiendo funciones que desbordan su ámbito estrictamente funcionarial.

Spottorno al mismo tiempo pilota una política de propaganda de la Corona que ha sufrido lamentables altibajos (del Photoshop al Photomaton, de la reciente euforia post operatoria de la cadera al fiasco de la Pascua Militar, etc), y se atreve a intromisiones -y ello es lo más grave- en el ámbito político y judicial, como su reciente y bastante desafortunada alusión al ‘martirio’ que les produce el largo periodo de instrucción judicial del caso Nóos. Proceso donde el juez Castro -acosado por poderes públicos- acaba de imputar a la Infanta Cristina por delito fiscal y blanqueo de capitales, y en cuya defensa a ultranza por el Gobierno y la Casa Real se ha causado un daño enorme a la Corona, al que se añadirá ahora la que se espera y será actitud contraria de la fiscalía y la abogacía del Estado a dicha imputación en pos de un ‘indulto’ camuflado de la Infanta para librarla de un juicio oral -mediante la aplicación de la llamada ‘doctrina Botín’- , lo que indignará al conjunto de la población. Y también dañará al Príncipe de Asturias, don Felipe -que se ha quitado la barba blanca que lo envejecía-, cuya imagen ha mejorado mucho y que siempre aparece amparado por  la Reina Sofía, cuya presencia real ha salido reforzada en esta situación, y por la Princesa Letizia, que debería de extremar su prudencia en lo que ella entiende que es su vida privada ante lo delicado de la vigente situación de la Corona y la Familia Real.

La imagen del Rey renqueante y dubitativo en la Pascua Militar es también la fiel imagen de esta España que inicia con problemas de todo orden, y también con esperanzas, este decisivo año de 2014 que ha de ser importante en muchas cosas que van de la economía y el paro a la unidad nacional, pasando por el test electoral de los comicios europeos que ofrecerá una foto fija del mapa político nacional.

Fuente : Republica