La Defensa y militares

Los asuntos referidos a la Defensa son objeto de análisis y discusión obviamente en el Parlamento pero también en foros o en estudios específicos de alguno o algunos de los denominados think tanks que surgen por todas partes. A mí lo que me sorprende es el creciente número de personas especialistas en asuntos relacionados con la Defensa de nuestra nación; la familiaridad con la que hablan de medios motorizados o mecanizados, de la necesidad de fuerzas conjuntas, de la importancia de los submarinos… etc. Bien está este interés por la cultura de defensa y no seré yo quien me lamente de ello, pero no estaría de más poner un poco de orden en todo esto.

Opinar sobre la Defensa empieza a parecerse al fútbol; sabido es que en España todo el mundo lleva un seleccionador dentro y cada uno sabe mejor que nadie cual sería la mejor selección. Bueno, pues aquí llevamos el mismo camino. Sirva de ejemplo el número monográfico que la Revista “Política exterior” dedica al Panorama de la Defensa 2014-2020. En este número nos encontramos con 22 “expertos”. Todos civiles menos uno, nada menos que el Jefe de Estado Mayor de la Defensa quien escribe desapercibido entre tanto “experimentado” en asuntos de Defensa. Otro ejemplo lo constituyen algunos trabajos como los desarrollados por algunos “Centros de Pensamiento” donde igualmente el peso de los mismos recae sobre analistas civiles las más de las veces. Son algunos ejemplos entre otros muchos. También en el Parlamento acaecen tres cuartas partes de lo mismo.

Pues sí. En España parece ser que los que saben de Defensa no son precisamente los militares o al menos es lo que se desprende de cuanto yo observo porque estos brillan por su ausencia en foros, tertulias o estudios específicos.

Pero hablemos de la Defensa en general para ir a lo particular.

Organizar la Defensa supone en primer lugar saber de qué o de quiénes nos tenemos que defender, o sea, determinar cuáles son las posibles amenazas o riesgos a los que habría que hacer frente y consecuentemente, por lo tanto, adquirir y organizar unos medios que nos defiendan al efecto; por supuesto asignar presupuesto para ello.

Bien, así de simple. Desarrolle Vd. esto, dele un aire retórico y algunas frases ininteligibles, mencione a la UE o la OTAN, hable del cambio global y de la guerra asimétrica y ya es Vd. un analista en Defensa. ¡Ah! Y si al final dice que lo que hace falta es una fuerza conjunta – aunque no sepa muy bien lo que significa esto – queda Vd. magníficamente y con un poco de suerte acaba Vd. en la Comisión de Defensa de cualquier partido o de experto en un think tank.

No es extraña esta situación en el país de los tertulianos donde todo el mundo sabe de todo. Sucede, por ejemplo, que al menos cuando de otras áreas se trata, como economía, justicia o lo que sea, al final siempre aparece un economista o jurista que pone las cosas en su sitio.

No veo que suceda así en el campo de la Defensa en casi ningún caso; los verdaderos profesionales, es decir los militares, están lejos de los centros de decisión exceptuando, claro está, el específico de los ejércitos. Pero fuera de éstos su función en aquellos está limitada a la del asesoramiento las más de las veces.

Hoy, por lo que a la Defensa se refiere, vivimos en el mundo de los asesores. Todo se soluciona a base de estos. Claro que si Vd. se encuentra en un avión o un barco, por poner un ejemplo, lo que le gustaría es que fuera el Comandante el que de verdad supiera lo que hay que hacer y no esperar a que sea asesorado por alguien. Para mí la situación en cuanto a algo tan serio como la Defensa es bastante similar y basta echar una ojeada al entorno para constatarlo.

En apenas 40 años el militar profesional ha pasado de ocupar posiciones de preeminencia en la administración a un ostracismo evidente. Lejos están los tiempos en los que encontrábamos Generales o Almirantes ocupando puestos de relieve acordes a su experiencia militar y preparación suponiendo un grandísimo beneficio para la sociedad. Hoy en España es ya impensable algo parecido; y cito España porque si nos fijamos en otros países como por ejemplo los EEUU constataremos que no digo nada raro. Más de un lector puede pensar que hago una defensa corporativa del estamento militar. Nada más lejos de mi intención. Soy consciente de que los tiempos han cambiado pero no es menos cierto que la sociedad española, hoy necesitada de líderes, esta minusvalorando a un elemento importante de la misma. Admito que no son momentos quizás para, como fuera en otros tiempos, emplear militares en funciones no propiamente suyas – aunque no le vendría nada mal a la nación en algún caso – pero de ahí a que incluso en aspectos concretos como es la Defensa verlos en cuarta fila es ya cuando menos increíble y desde luego bien lejos de la eficacia; sobre todo porque en este caso concreto no me duelen prendas para decir que los de la cuarta fila saben bastante más que los de la primera y segunda. Es que no tengo ninguna duda sobre esto y podría poner ejemplos claros pero no creo sea necesario por obvio.

Entonces, ¿a qué se debe esta situación? Pues según mi criterio – aparte de otras consideraciones fáciles de imaginar – a lo apuntado en los comienzos de este artículo: sencillamente a que hay quien se considera analista o experto en Defensa tras apenas algunos estudios, algunas lecturas, algún curso y buena prosa.

No es de extrañar entonces que para presentar algún documento o decidir sobre el futuro de la Defensa en España nos encontremos foros donde la experiencia militar es anecdótica.

¿Se imaginan Vds. una mesa para proponer cómo debe ser la Sanidad o la Justicia en España en el futuro sin ningún médico o jurista experimentado?

Me temo que no. ¿Verdad? No obstante hay quien dice que no es necesaria esa presencia. No pienso lo mismo.

Pues así está el panorama por estos lares.

Los que verdaderamente saben no están y el vacío es ocupado por una retahíla de “expertos” nacidos al amparo de la coyuntura que hablan y hablan.

 Fuente : Republica