La policía militar ‘pacifica’ las últimas favelas del Río turístico

FavelasRioA primera hora del lunes, el autobús número 580 seguido de la palabra ‘Corcovado’ se llenaba de chavales con el uniforme azul y blanco característico de las escuelas públicas de Río de Janeiro.

Las mochilas colgadas al hombro se abrían paso entre la rectitud de los fusiles en manos de la Policía Militar (PM) que esperaba instrucciones a la entrada de Cosme Velho, un barrio de clase media-alta colindante con las favelas Cerro-Corá, Guararapes y Vila Cándido, a los pies del Cristo Redentor.

Algunas caras de sorpresa como la de Joao Marcos, de 11 años, hablaban por sí solas ante el despliegue de furgonetas blindadas.

«Cuando me levanté y vi mi casa en la televisión con tantos policías no me lo podía creer», explica sonriente Joao por lo que considera el comienzo de «un buen día».

El ruido de los helicópteros, el único que de vez en cuando centralizaba la atención al unísono de los allí presentes, predecía lo ocurrido escasos minutos antes: el último territorio dominado por narcotraficantes de la zona turística de Rio acababa de ser ocupado por las fuerzas de seguridad, sin incidentes ni tiros de por medio.

A penas 30 minutos bastaron para que el primer contingente de la Brigada de Operaciones Especiales (Bope) concluyera con éxito la fase inicial de la misión que arrancó a las cinco de la mañana.

Las zonas más transitadas

Un total de 420 policías y militares participaron en la operación con la que se cerró el círculo que blinda las áreas de la ciudad más transitadas por extranjeros, a dos meses de la celebración de las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ).

Para el portavoz de la PM, el coronel Federico Caldas, la recuperación del control de las tres comunidades «favorecerá la seguridad de los jóvenes de la JMJ y disminuirá la delincuencia en la Zona Sur de Rio».

Las tres favelas que descansan en las proximidades del Corcovado no poseen un histórico de tráfico armado tan crudo como el de otras comunidades, pero sí un fuerte vínculo con el elevado índice de robos y asaltos en las inmediaciones, puesto que actuaban de subterfugio para los delincuentes, según investigaciones de la PM.

Sin embargo, en la mañana del lunes, se respiraba una aparente normalidad en las calles de Cerró-Corá impregnadas de olor a pan recién hecho, salvo por la presencia de la Brigada de Acción Canina (BAC), responsable de rastrear el lugar, en busca de armas y estupefacientes.

Algunos vecinos se asomaban curiosos por la ventana, otros miraban con disimulo y los había que, preguntados, preferían callar.

Aunque señala no haberse sentido nunca amenazado al vivir allí, ni siquiera en los momentos más tensos 10 años atrás, Daniel da Silva, muestra una opinión favorable de la policía y espera que su presencia «ayude a tener más oportunidades».

Una nueva instalación policial

En el próximo mes, está prevista la instalación de la 33º Unidad de Policía Pacificadora (UPP) integrada por 190 agentes, como colofón del proceso que beneficia en toda la ciudad a un millón y medio de personas, según datos del gobierno regional de Río.

Cerca de 2.800 habitantes residen en las últimas comunidades, al sur de la ciudad, en ver ondear las banderas de Brasil y del Estado de Río. Una señal ya común para los cariocas, con la que se escribe el final de una ocupación más y el origen de una nueva etapa, aún en experimentación, que encuentra caminos dispares.

También dificultades, sobre todo en las favelas de la zona norte, auténticos bastiones del tráfico armado y lo bastante alejadas de las postales como para ser prioritarias.

Fuente: El Mundo

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