La rutina inoperante

La rutina inoperante es uno de los mayores enemigos de la eficacia y efectividad del servicio que prestamos día tras día, al que debemos combatir con todas las armas que tengamos a nuestro alcance.

¿Y qué es este concepto que nos resulta tan hostil? Más que un término concreto, se trata de un estado físico y psíquico en el que entramos cuando desempeñamos una labor constante y repetitiva en la que la existencia de factores excitantes durante la misma no es algo habitual. Por consiguiente, el entrar en este estado conlleva una pérdida de interés al realizar nuestro trabajo, así como la pérdida o ausencia total de preocupaciones por continuar formándose uno mismo. Y consecuentemente un aumento de la probabilidad de realizar una intervención de forma errónea directamente proporcional según nos hayamos sumergido en esta situación.

Este defecto en la actitud, no tiene por qué ser necesariamente una carencia por desidia del individuo en cuestión. Ya que para éstas existen medidas disciplinarias enfocadas a su corrección. Más bien se debe a factores como la repetitividad de un servicio cómodo y aburrido en cuanto a incidentes se refiere, que uno tras otro, pueden acabar mermando la predisposición de ser todo lo profesional que requiere nuestra profesión.

Para evitar lo expuesto anteriormente, no queda más remedio que trabajar más y mejor. Parece una evidencia, pero de serlo no cometeríamos esos errores que nos llevan a esta rutina no operante.

¿A qué me refiero con trabajar más y mejor? Fácil, si lo contemplamos como el mero concepto de que, en todos los escalones se haga una labor bien organizada y enfocada. Pero bastante más difícil cuando lo queremos llevar a la práctica. Y curiosamente, esta responsabilidad va aumentado según subimos puestos en la escala de mando. Pues éstos, aparte de ser responsables de que los cometidos encomendados a sus subordinados se cumplan correctamente, para lo cual implica conocerlos a fondo, también lo son de su formación profesional y personal. Paradojicamente es en esta formación donde radica la posibilidad de romper con la rutina inoperante, ya que mediante la realización de supuestos prácticos que pueden darse en el transcurso de un servicio, teóricas participativas y dinámicas, y ejercicios de distinta índole que transmitan la inquietud de la necesidad de poseer conocimientos suficientes para desenvolvernos en cualquier situación posible, podremos conseguirlo.

En estas ocasiones, además de transmitir una formación puramente didáctica, existe la oportunidad de reforzar valores tan importantes como lo son el compañerismo, la lealtad, la voluntariedad, el sacrifico y la abnegación entre tantos otros. Pero tan solo tratar sobre lo expuesto en este párrafo sería merecedor de un artículo propio, pues nos encontramos introduciéndonos en el amplio campo de la psicología del mando.

Finalmente y como conclusión de este pequeño artículo, creo conveniente destacar que cuando se producen fallos y faltas de una forma generalizada en el exacto cumplimiento de los cometidos que tenemos asignados a nuestra persona o subordinados, seguramente sea una llamada de atención personal y a los mandos en cuestión, de que estamos cayendo en esta fastidiosa rutina inoperante.

Fuente: Blog PoliciaAerea