Luis G. Segura » Zaida en la calle; los acosadores y cómplices, ascendidos y condecorados»

En el último mes se han producido varias noticias que son fundamentales para comprender lo que está sucediendo en las Fuerzas Armadas. Son pocos los lectores que, como en Público.es, pueden tener acceso a estas noticias con la amplitud y espacio que merecen. En otros medios de comunicación suelen ocupar espacios marginales, lo que no habla muy bien de la situación del cuarto poder (lamentable que no sea un escándalo los 40.000 millones de euros de deuda por compras de armamento).

En la actualidad, las Fuerzas Armadas se encuentran en mitad de la nada porque pretenden seguir subsistiendo tal y como están y para ello lo que están haciendo son pequeñas concesiones que enmascaren la verdadera realidad: no hay renovación ni cambio, lo que hay es pura supervivencia.

Zaida, retirada

Hemos sabido esta semana que Zaida ha pasado a la situación de retiro lo que no deja de ser una pésima noticia porque los malos han vuelto a ganar: son los que continúan en el Ejército (y que nadie piense que lo están pasando mal por toda esta situación). El retiro de Zaida es una pequeña gracia para calmar los ánimos aunque lo cierto es que si no se acompaña de la expulsión de todos aquellos militares que hubieran participado en su acoso sexual o laboral o en el encubrimiento de los mismos, poco o ningún valor tiene. Se trata, como siempre, de un pequeño gesto para salir del escándalo lo antes posible.

Las críticas sí pero con moderación

En otro intento de transigir lo mínimo posible a la realidad (hay sentencias al respecto del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de hace 21 años), el Tribunal Supremo ha determinado que los militares pueden criticar y proponer reformas siempre que ello se haga con moderación. El problema surge de saber qué se entiende por moderación y quién es el encargado de determinarlo: ¿Es moderado solicitar la ilegalización de Podemos como hizo un ex JEMA pero es inapropiado denunciar corrupción?

Los únicos límites a la libertad de expresión de los militares deben ser la Seguridad Nacional y aquellos otros a los que tiene que restringirse cualquier civil (calumnias, difamaciones o injurias).

La estafa del presupuesto de Defensa

Es inconcebible que en una democracia avanzada los ciudadanos descubran en la portada de un medio de comunicación que su presupuesto de Defensa es cuatro veces superior a lo presupuestado. No soy yo de los que se oponen al gasto en Defensa (ojalá pudiéramos vivir sin ejércitos, pero no me parece posible), aunque sí de los que piensan que dicho gasto debe ser público, auditado y extremadamente justificado. No se puede negar que hay partidas presupuestarias mucho más importantes como son Educación o Sanidad y que cada céntimo que se deja de dedicar a estas partidas debe invertirse con sumo rigor.

Hay algo que chirría en toda esta historia de continuos engaños en los presupuestos (de gobiernos de PP y PSOE) y es que llevamos años escuchando a los altos mandos militares quejarse de los recortes que se producen en el ministerio de Defensa, lo que nos lleva a pensar que el presupuesto que ha aflorado en los últimos días (más de 20.000 millones de euros anuales en lugar de los poco más de 5.700 millones presupuestados) ha debido ser desorbitado en los últimos quince años. Eso o los altos mandos militares han hecho un ejercicio de cinismo sistemático al protestar por la mengua en los presupuestos.

Dos tenientes coroneles interventores detenidos

Hace pocas semanas detuvieron a dos tenientes coroneles interventores que son los que controlan el gasto en las Fuerzas Armadas, lo que unido al escándalo del Hospital Militar Gómez Ulla, el fraude y la malversación en el Acart de Getafe, el chalé que se construyó un teniente coronel en Murcia, la estafa en las mudanzas del Ejército del Aire, los condenados por robar en la Residencia de Estudiantes en Sevilla y a otros múltiples casos de corrupción destapados en los últimos años demuestra que la ausencia de control es absoluta (podríamos estar horas hablando de casos similares). Lo peor de todo es que parece ser solo la punta del iceberg.

Se presume que no son las últimas detenciones que se van a producir y queda por saber si estas detenciones forman parte de un intento para tranquilizar los ánimos (en año electoral) por la ingente cantidad de escándalos que día sí y día también se publican en los medios.

Si de verdad los militares van a empezar a encarcelar a los delincuentes uniformados, eso sería una buena noticia para todos, sobre todo para esos oficiales que hasta ahora no habían participado activamente de la corrupción pero que la habían cobijado bajo su silencio. Es la hora de desmarcarse de los corruptos y señalarlos con el dedo.

Ahora es el momento de jueces, fiscales, jurídicos y altos mandos militares de posicionarse: siguen siendo cómplices de todo lo que sucede o se redimen acometiendo la enorme tarea que se les presenta. Me temo que solo nos encontraremos con pequeños ajusticiamientos que permitan sobrevivir a este periodo de dificultad.

Un Coronel y un Brigada detenidos por tráfico de armas

Completamente desapercibido ha pasado este caso en la sociedad, basta leer la escueta noticia para saber que es un asunto del que se quiere hablar lo menos posible. Si hace un año descubríamos la existencia del tráfico de drogas a gran escala en el buque Juan Sebastián Elcano ahora nos encontramos con un alto oficial y un suboficial (de la Guardia Civil y del Ejército de Tierra) detenidos por tráfico de armas. Es evidente que se trata de un entramado ya que dos componentes no son suficientes (cualquiera que haya sido militar lo sabe) para extraer armas de los acuartelamientos y, menos aún, para hacerlas circular en el mercado (si es que no tenían intenciones más siniestras). Es de nuevo una concesión: se detienen a dos componentes para que exista apariencia de control.

¿Regeneración o supervivencia?

Esa es la gran pregunta que solo el tiempo nos podrá responder. Lo que la historia ha demostrado es que la búsqueda de la regeneración suele llevar a la supervivencia pero intentar sobrevivir lo único que suele provocar es perecer un poco más adelante y, en muchas ocasiones, de forma más estentórea.

Fuente: Público