Pedro Pitarch: «Para septiembre»

Pedro_pitarchComo se ha visto en los comentarios al post anterior, en este blog también estamos de luto por el terrible accidente ferroviario de anteayer en Santiago de Compostela. Descansen en paz los fallecidos, pronta recuperación para los heridos y la expresión de nuestra condolencia para las familias.

Pero la vida sigue. El post “POLÍTICA MOVEDIZA” también puso de manifiesto el creciente interés de la “basca cabal” por el escenario político español. Éste es objeto de gran preocupación compartida, cuando no de explícita repulsa, en la gran mayoría de los comentarios. Por ello, y ya recuperado de las más de treinta horas de viaje invertidas para volver desde Nueva Zelanda, me lanzo sobre el teclado. Observo que el gran factor común de los comentarios anteriores se focaliza sobre la debilidad de las instituciones españolas, especialmente en las que materializan los tres grandes poderes del estado: ejecutivo, legislativo y judicial. Esta valoración confirma sin ambages que España está enferma. Su grave dolencia se sintetiza en solo cuatro palabras: falta de credibilidad institucional.

“Esta situación no puede conducir a buen puerto” resumía así el caso don Enrique en un comentario al hilo anterior. Y uno puede preguntarse: ¿y así puede funcionar un país indefinidamente? Pues no, es mi particular respuesta. Porque si el pueblo —titular de la soberanía nacional y del que emanan los poderes del estado (artículo 1 de la Constitución)— desconfía del rol que desarrollan esos poderes que en su nombre operan, lo que está en cuestión es el propio estado. Se produce la gran perversión de que la mayor parte de la ciudadanía perciba sus propios poderes como algo ajeno. Situación típica del estado totalitario, fugaz por naturaleza (aunque a quien lo sufra pueda parecerle larguísimo), pero no del estado democrático permanente (que es la aspiración de la mayoría). Cae por su peso, en definitiva, que si lo que verdaderamente queremos la mayoría de los españoles es disfrutar de un estado social y democrático de derecho, es urgente e imprescindible la recuperación de la credibilidad institucional perdida. Eso que algunos llaman la regeneración democrática.

Pero el idioma de la política son los votos. Éstos parecen justificar todo. Por eso, en el mundo político, hay muchos que creen, o quieren hacernos pensar que creen, que es en el ámbito económico —la crisis y la recesión de caballo que sufrimos—, donde se origina nuestro actual problema político. Y en base a ello dicen que cuando la economía se arregle —que se arreglará— todo volverá a su sitio. Y a esta baza juegan unos y otros. Tanto las instancias gubernamentales y el partido que las apoya, como la oposición. Es su propia lógica. Hablan en su idioma. Quizás no les falte alguna razón. El ciudadano español es bastante desmemoriado y no es descartable que si en los próximos dos años la cuestión económico-financiera se arreglase ostensiblemente, el PP lograría recuperar en 2015, al menos en parte, el capital político que ha perdido en el año y medio que lleva gobernando con mayoría absoluta. Y la oposición, que no es tonta, parece estar en ello. O mejor, contra ello.

Y así llegamos al caso Bárcenas. Que no nos confundan; la que ha armado ese señor con sus “papeles”, o lo de los ERE,s andaluces y toda la demás porquería que ahora está sobre la mesa, no han sido generados por la crisis. Viene de mucho antes. Aunque el tema de los ERE,s sea especialmente repugnante y vergonzoso, por su alcance político el hecho más grave quizás sea la falta de confianza que genera la cabeza del poder ejecutivo de la nación en relación con la financiación de su partido. Sí, es verdad, también sucede —me adelanto a los que se meten enseguida a comparar cosas difícilmente comparables— en la del andaluz. Pero, mira por donde, su presidente está en trance de “resolverlo” haciendo mutis por el foro en un pispás político. (En el blog de Pepe Fernández, que recomiendo a los interesados en temas andaluces, este periodista aborda en profundidad el asunto en el post “Esperando que imputen a Griñán”) ( http://pepefernandez.blogspot.com.es/2013/07/esperando-que-imputen-grinan.html ).

¿Podría darse un desarrollo similar en la presidencia del gobierno de España? Sería posible. Y seguramente muy higiénico. Pero es francamente improbable, a tenor del “forcejeo” de los últimos días entre la oposición y el partido del gobierno, para lograr que el Presidente compareciese en sede parlamentaria para, de una vez por todas, aclarar su propia situación en relación… ¿con qué? Esta pregunta, más allá de la mera retórica, quiere expresar que después de tanto marear la perdiz ya no está tan claro sobre qué debe hablar el Sr. Presidente. Quizás los lectores puedan concretar la cuestión, porque a mí me resulta difícil. No obstante, pienso que a estas alturas lo que se debe aclarar es si dijo verdad o mintió cuando afirmaba ser “falso” todo lo que se decía sobre la financiación ilegal de su partido o su propia financiación personal. Resolver esta duda es, en mi visión, la cuestión central para que el presidente del gobierno pueda empezar a recuperar cierto crédito. O, por el contrario, se marche a casa.

Como sabemos, ante la amenaza de la moción de censura, por fin el 1 de agosto habrá comparecencia del Presidente en el edificio del Senado. Pero la fecha elegida, al comienzo del mes vacacional por excelencia, junto con la declarada intención de tratar varios temas en la misma sesión, siembra la sospecha que podría tratarse de una maniobra “escapista”. Para ganar tiempo. Una especie de “en septiembre, ya veremos”. Y en septiembre lo que veremos será la Diada 2013. Y así, algunos se frotan las manos por tanto descrédito institucional. Qué país, Señor.

Fuente: Blog