Pedro Pitarch:»YO-YO MALIENSE»

Pedro_pitarchLa desaparición traumática y descontrolada de Gadafi está empezando a dar sus malos frutos. Parecía que la inestabilidad y la potencial amenaza para Bamako, creada por la secesión en el norte de Malí —en una extraña amalgama de tuaregs, árabes, negros y “alqaedianos”, digamos en general yihadistas— sería un fenómeno de lento desarrollo. Pero, como se ve, no ha sido así. La rápida acción de las milicias salafistas, que controlaban el norte del país desde hace meses, lanzándose hacia el Sur a lo largo de las dos orillas del Níger, amenazaba con hacer saltar el cerrojo de Mopti, la crítica y estrecha cintura de esa especie de Yo-Yo asimétrico que es el territorio maliense. Era un peligro demasiado evidente. Después de Mopti se llegaría fácilmente a la capital. De ahí a constituir un estado islámico fallido no habría más que un paso. Las dos misiones, la de la UE y la de CEDEAO, habrían llegado demasiado tarde.

Todo ha sido tan rápido que la oportuna irrupción de tropas francesas en Malí ha cogido a contrapié a casi todo el mundo. Especialmente a los países africanos (Senegal, Nigeria, Níger) que deberían constituir el núcleo de la misión militar (AFINSA) de la Comunidad Económica del África Occidental (CEDEAO), en apoyo al gobierno de Malí. Ahora esta fuerza tendrá que acelerar su planeamiento para entrar en Malí lo más rápidamente posible. La rápida reacción de Francia movilizando fuerzas francesas pre-posicionadas en África ha impedido, al menos de momento, que la insurgencia lograra sus objetivos estratégicos. Se ha parado la ofensiva de los yihadistas, se ha evitado que éstos amenazaran la capital y se hicieran con el control de todo el país. Asimismo se ha contenido temporalmente la expansión yihadista en África occidental. No es poco. Lo que está en juego no es solo la seguridad de la región sino también, a medio plazo, la de Europa. Aunque Francia era la llamada a intervenir en primer lugar —se trata de un país de su órbita económica por vía del franco CFA—, este conflicto no nos es ajeno a los europeos. Porque si no se localiza y aísla primero y se desactiva después, se trasladará a la orilla Sur del Mediterráneo antes de que nos demos cuenta de ello.

La campaña desatada el 11 de enero por Francia se mantiene en la más estricta legalidad internacional. Y así debe continuar. Se inició a demanda del gobierno de Mali y está enmarcada en la resolución 2085 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Ha suscitado el apoyo político, entre otros, de Naciones Unidas, de múltiples países europeos, de Estados Unidos, de la Liga Árabe, de la OTAN y de la Comisión Europea. Pero no será una campaña ni corta ni fácil. Las zonas desérticas son buen medio de vida para las “insurgencias”. Los enormes vacíos fuera de control de los respectivos gobiernos en los países limítrofes a Malí (Mauritania, Argelia, Níger, etc) también son favorables a los yihadistas. La reacción francesa asegurando la capital de país, bombardeando desde el aire bases, campos de entrenamiento y depósitos de armas así como reaccionando por tierra, para primero detener y después hacer recular a los insurgentes, está teniendo éxito. Es solo el comienzo de una operación de largo alcance. Es la vanguardia de una acción internacional que, me temo, va a resultar muy duradera. Es, quizás también, el pistoletazo de salida para una carrera de problemas y crisis a lo largo del Sahel, desde el Atlántico a Somalia. El secuestro hoy de 41 occidentales y un grupo indeterminado de argelinos por un grupo islamista, en una planta extractora de gas argelina, es una primera muestra de ello.

Pronto los efectivos franceses desplegados alcanzarán los 2500 anunciados. Pero posiblemente no serán suficientes. El esfuerzo de combate va a ser enorme. Gigantesco también el logístico. Lo preocupante es la reacción inicial de socios y aliados: apoyo político mucho, apoyo logístico poco y disperso, fuerza de combate no se espera. Y esto deberá ser revisado mejor antes que después. En este marco uno se pregunta cuál puede ser la repercusión que esta crisis pueda tener sobre la misión que, a paso lento naturalmente, estaba constituyendo la Unión Europea para la formación y el asesoramiento al ejército maliense (EUTM Malí). ¿Deberá cambiar su mandato? Sin duda habrá que incrementar la entidad prevista inicialmente de alrededor de 350-400 efectivos (instructores y apoyo al mando), para incluir también unidades de protección y seguridad. Es de esperar que los ministros de asuntos exteriores de la UE, que se reunirán mañana en Bruselas, sean capaces de adoptar decisiones para acelerar y sustanciar una intervención europea consistente.

En mi opinión España, aunque principalmente en el seno europeo, debería tener una postura más activa en la resolución de esta crisis. Prestar más atención al asunto del que hasta ahora parece estar prestándole. La oferta de un mero avión de transporte para el movimiento de tropas africanas a Malí parece un poquito rácana. Al fin y al cabo, lo que se está dirimiendo en Malí es más próximo y más vital para España que lo que se sustancia ahora en Afganistán. Y no digamos a partir de 2013, periodo para el que, si hacemos caso a lo expresado por el presidente del gobierno y el ministro de defensa, se está planeando desplegar allí un hospital, hacerse con el control y la seguridad del aeropuerto de Herat, mantener un nutrido grupo de mentores e instructores y, supongo que derivadamente, unidades de protección. Qué barbaridad. A ese paso, lo mismo llegaremos a igualar la entidad militar de los propios estadounidenses. Porque me temo que el Sr. Obama está por dar un definitivo carpetazo al asunto. Pero esto es otro tema del que hablaremos otro día.

Fuente: Blog Pitarch