Policías y militares, los nuevos indignados en Portugal

POLICA-LUSADe controlar las manifestaciones a protagonizar masivas protestas en la calle. Este es el giro de 180 grados que han dado las fuerzas de seguridad lusas, erigidas últimamente en principal exponente de la indignación en Portugal.

Con la presión social en clara remisión tras cuatro años marcados por la aprobación de draconianas medidas de austeridad, policías y militares se rebelan esencialmente contra los recortes en sus salarios y pensiones, los mismos que han sufrido el resto de funcionarios públicos del país.

Sus protestas dan lugar a imágenes insólitas como las del pasado jueves, cuando unos 15.000 agentes sin uniformar se concentraron frente a un Parlamento luso «defendido» por cerca de un millar de sus compañeros, un dispositivo poco habitual, superior por ejemplo al que se suele poner en marcha en partidos de fútbol de alto riesgo.

Aunque compañeros de profesión, la tensión presidió el acto. Mientras algunos de los manifestantes reconocían al otro lado de las vallas -que no tardaron en ser derribadas- a amigos y conocidos con los que entablaron conversación, otros empujaban e intentaban superar el cordón policial para subir las escaleras del Parlamento.

El Gobierno luso, de signo conservador, quiso evitar una «invasión» de las escaleras como la ocurrida en la protesta del pasado 21 de noviembre, menos multitudinaria pero si cabe incluso más simbólica debido precisamente a la llegada de los manifestantes hasta las mismas puertas de la Cámara.

Entonces, los responsables policiales fueron duramente criticados por no evitar la osadía de sus colegas, máxime cuando sí se reprimieron con dureza otras manifestaciones en el pasado.

El mismo escenario será testigo de otra protesta el próximo día 15, fecha para la que está convocada una concentración de las principales asociaciones militares del país, cuyas reivindicaciones son similares a las de los Cuerpos de Seguridad del Estado.

El debate se ha extendido al terreno político y mientras que la oposición de izquierdas pide atender sus peticiones, desde el Gobierno se insiste en que los recortes en el sector público deben ser aplicados a todos por igual, sin distinciones.

«El hecho de ser militar, policía o profesor no puede provocar un trato diferente a la hora de aplicar los cortes salariales», defendió al hilo de la polémica el ministro de Defensa, José Pedro Aguiar-Branco.

En declaraciones a Efe, el presidente de la Asociación Sindical de la Policía portuguesa, Paulo Rodrigues, exigió a los responsables políticos que traten a los agentes «con más dignidad».

«No tienen en cuenta que la nuestra es una profesión de riesgo, en la que se sufre un desgaste rápido -en términos de edad- y en la que cada actuación conlleva una gran responsabilidad. Todo eso se tiene que compensar», recalcó Rodrigues.

Según los datos del sindicato, un policía luso comienza su carrera con un sueldo de unos 800 euros mensuales, lejos de los más de 1.300 que se pagan en España o los 1.600 que se abonan en Francia, por ejemplo.

César, un agente lisboeta de 36 años, dijo a Efe que pese a haber sido promovido recientemente, cobra lo mismo que hace tres años, lo que en la práctica supone «una pérdida de más de 200 euros» al mes.

Para compensar sus salarios -que se corresponden con el sueldo medio pagado en el país, en torno a los 17.000 euros anuales-, en Portugal se recurre desde hace años a una solución alternativa: los agentes pueden desempeñar funciones de seguridad privada durante su tiempo libre.

De esta forma, es habitual encontrar a agentes uniformados de guardia frente a joyerías, tiendas de ropa o incluso supermercados. Los comercios contactan directamente con la Jefatura de Policía, que después reparte el trabajo entre el personal interesado.

«El problema es que cada vez somos más policías entre los que repartir, y muchos comercios por la crisis han dejado de pagar u optan por contratar seguridad privada», revela un agente de la localidad lusa de Aveiro, António Lima.

Las quejas del sector también hacen referencia al material con el que desarrollan su trabajo. Vehículos con cientos de miles de kilómetros, armas con décadas de antigüedad o falta de papel en las oficinas son parte del argumentario de los sindicatos.

Cuando Portugal está a punto de cerrar su rescate y dejar así de encontrarse bajo el control de la UE y el FMI, las primeras señales de recuperación económica han calmado los ánimos de una ciudadanía hastiada, como refleja el menguante apoyo a las protestas convocadas por los «indignados».

Sin embargo, los policías parecen dispuestos a no cesar en su presión al Ejecutivo. Hablan de un «ambiente de revuelta» y en privado no descartan tomar «medidas más drásticas».

Fuente : ElConfidencial

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