Psicología Táctica & Táctica Psicológica

A nadie le asombra que el operador mejor y más preparado del mundo, se quede paralizado la primera vez que alguien le apunta con un arma. O cuando escucha por primera vez disparos dirigidos contra su persona. La experiencia es un grado solemos escuchar muy a menudo, y realmente es cierto.

Sin experiencias previas nuestro cerebro tarda en reaccionar, alargando los tiempos de observación, orientación, decisión y actuación. De ahí la enorme importancia que posee un entrenamiento lo más realista posible, sin llevar a extremos suicidas por supuesto.

Aún así, recordando un viejo axioma bélico, ningún entrenamiento, por más perfecto y realista que sea, reemplazará a la experiencia de defender la propia vida o la de terceros.

Respecto a los otros cuatro puntos de la estrella, éstos no requieren tantas explicaciones.

Preparación física

Una forma física aceptable, sin necesidad de ser atletas, permite reaccionar con mayor prontitud, tener mejores reflejos en argot común, así como mantener el nivel de estrés de una forma asimilable para nuestro organismo, y nuestra mente.

Equipo acorde y adaptado

Si el equipo no es cómodo en su porte, si resulta excesivamente pesado, si nos falta algo importante, si no es práctico, si no permite un rápido uso del mismo, y sobre todo si lo sabemos, todo ello frena la efectividad de nuestra actuación,

Conocimientos técnicos

Así mismo, si desconocemos el arma, si no somos competentes en su empleo, manejo y capacidades, nuestra eficacia se verá muy mermada o será prácticamente nula, aunque todos los otros puntos estén perfectamente cubiertos.

Estas habilidades deben ir en consonancia con las tácticas a emplear, ya sea en una acción de autodefensa como en un asalto de alto riesgo.

Preparación mental

Por último, nuestra mejor y más eficaz arma, es la mente. Como ya quedó escrito, si ésta, se encuentra total y completamente concienciada de su correcta capacidad o nivel de respuesta, de su perfecto entrenamiento y sobre todo de su capacidad para sobrevivir a toda costa, entonces tenemos realmente un 80 por cien de posibilidades de salir airosos de cualquier situación imaginable.

Somos tan fuertes y eficaces como nuestra mente crea serlo. Pero, eso sí, siempre y cuando nuestro trabajo de educación de esa mente haya sido realista y consecuente, sin falsos objetivos ni autoengaños.

Nuestro principal enemigo podemos serlo nosotros mismos, principalmente a través del estrés, pero este es un tema que exigiría un trabajo mucho más extenso.

Resumiendo, la concatenación de los cinco puntos citados, forma un bloque único, en el que si uno de ellos falla, el conjunto se resiente.

Conseguir que esa estrella forme un todo con nuestro trabajo diario, único, coherente, realista, en continua evolución y adaptación, capaz, etc, es algo no solo difícil, si no muchas veces imposible.

El ambiente laboral, social y político, por un lado, junto con los problemas personales del día de todo agente, pueden mermar sus capacidades hasta el punto de incapacitarlo para generar una respuesta adecuada a una situación de alto riesgo.

Es por ello que quizás debamos intentar ser más exigentes con nosotros mismos, como operadores, para regresar a casa cada día y abrazar a nuestros seres queridos, pero a la vez desarrollar el trabajo que se nos ha encomendado de forma segura y eficaz.

Nuestra mente será siempre nuestra mejor aliada, o nuestra peor enemiga.

De nosotros depende.

Fuente: Blog Cecilio Andrade

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