Un desfile militar

Juan_ChicharroLa valía de una unidad militar se demuestra en el combate. Es sólo en esta situación cuando se comprueba la mayor o menor eficacia de la organización militar. Una eficacia que es el resultado de la conjunción de una buena preparación táctica y técnica, aspectos fundamentales, pero que sin una disciplina que posibilitara su aplicación no valdrían para nada.

Si una unidad es disciplinada o no es constatable de muchas maneras pero sin duda una de ellas es la simple observancia de su actitud en formaciones y paradas. No es capricho, por lo tanto, el verlas desfilar o marchar. Así, por ejemplo, hablando de unidades extranjeras, para no hacer distinciones entre las propias, la simple observancia de un evening parade de los ” marines” en Washington o de la Legión Extranjera francesa confirman cuanto expreso.

Pero es que también un desfile militar proporciona al pueblo, del que se surte y al que sirve, la oportunidad de que éste muestre su cariño y admiración por sus ejércitos. Así ha sido siempre.

Una experiencia personal a título de ejemplo:

Allá por los años 80 del siglo pasado tuve la ocasión de participar en más de uno y de dos eventos que tenían como acto central un desfile en una importante ciudad española. Acudimos a la misma con varios días de antelación para los ensayos previos y preceptivos. Finalizados éstos era el momento de la hora del paseo y calles y bares se llenaban de uniformes de la tropa de todas las unidades. Legionarios, marineros, soldados regulares, infantes de marina… etc. se mezclaban con la población y daban un colorido especial al luminoso ambiente de la ciudad.

Y comenzaron los actos con una parada vespertina – previa al desfile principal del día siguiente – en la que se homenajeó a nuestra Bandera. La parada tuvo lugar en una zona emblemática de la ciudad y doy fe de la multitud asistente a la misma. Era imposible caminar por los aledaños de la plaza. Simultáneamente los buques de la Armada atracados en los muelles cercanos arriaban Bandera al son del himno nacional ante el respeto de los viandantes presentes.

Y llego la mañana del desfile militar. Apenas había amanecido cuando acompañado de mis oficiales y suboficiales realizamos un recorrido previo del itinerario del desfile para tomar constancia de los posibles puntos conflictivos del mismo. Ya la muchedumbre comenzaba a ocupar sitios y llamaba la atención la profusión de Banderas nacionales a lo largo del recorrido. Balcones engalanados contribuían a realzar el boato del escenario. El ronroneo de los motores de las unidades mecanizadas se entremezclaba con el de las marchas militares; eso sí, ante la expectación de una amplia presencia de jóvenes que optaban por satisfacer su curiosidad por los carros de combate o por acompañar a las unidades legionarias quienes muy en su línea aguantaban la hora del comienzo del desfile con cánticos legionarios.

Y por fin comenzó el desfile propiamente dicho. Recorrimos las principales arterias de la ciudad con el orgullo propio de quienes se sienten observados y aplaudidos a rabiar por una ingente población que transmitía su entusiasmo de forma continua y manifiesta.

Finalizados los actos una representación de los mandos de las unidades que habíamos desfilado acudimos a unos jardines donde las autoridades de la Comunidad y Ciudad nos agasajaron. Allí compartimos comentarios y parabienes con una amplia representación de la sociedad más distinguida, incluida una muy especial del club de fútbol más emblemático de la misma.

Hasta aquí un relato sucinto de un día con resonancias patrióticas en una ciudad española.

No sé si aquél que lea estas líneas habrá vislumbrado de qué ciudad estoy hablando. Tal vez piense que hablo de Valladolid o de Valencia o de Málaga o de Santander por citar algunas donde pudiera parecer normal cuanto he descrito.

Pues no, querido lector. Estoy hablando de BARCELONA en mayo de 1981.

La plaza a la que he hecho referencia es la adjunta a la estatua de Colón. La arteria principal del recorrido del desfile era la vía Diagonal y los principales lugares de esparcimiento de las tropas en su tiempo libre la Plaza de Cataluña y las Ramblas. ¡Ah! Y el equipo local de fútbol mencionado no era otro que el Barça.

Y todavía recuerdo las caras y nombres de los agasajadores. Algunos hoy – no todos – se encuentran entre los paladines de la deseada secesión pero por aquel entonces su actitud era otra bien diferente. La misma que habían mostrado prestando pleitesía al General Franco apenas unos años antes.

Vivir para ver.

Hoy todo suena como increíble y pienso si la perspectiva de los años me ha nublado la memoria por lo que he acudido a las hemerotecas de la época para comprobar si cuanto he descrito es producto de mi imaginación o por el contrario fue real.

Pues sí. Resulta que todo fue como lo he descrito. Es lo malo de las nuevas tecnologías. Acude uno a “Google”, busca los diarios de la época y caramba con lo que uno se encuentra. Así, por ejemplo, en la portada de ” La Vanguardia ” del 28 de junio de 1974 nos encontramos a la Junta Directiva del Barça entregando la medalla de oro del club nada menos que a Franco. Bueno, a lo mejor iban a punta de pistola pero me temo que no.

Entonces, ¿qué es lo que ha pasado en estos últimos 30 años para que hoy nos encontremos ante una situación patética en la que todo ha girado 180 grados?

La explicación es mucho más sencilla de lo que parece.

Ceda Vd. graciosamente el control de los medios y el de la enseñanza a quienes se consideran contrarios a la unidad de España y ahí tiene el resultado. Y sí además quienes no siéndolo son amigos permanentes de la componenda por su carácter camaleónico o por intereses propios pues aún peor.

No sé, ignoro que nos deparará el futuro respecto al contencioso territorial que se nos presenta, pero sí que tengo claro que la historia juzgará un día a los culpables que por omisión y dejación de sus responsabilidades han posibilitado que estemos como estamos. Y estos no son precisamente los nacionalistas sino aquéllos que por intereses de gobernabilidad o económicos o de clase han puesto en riesgo la unidad secular de España.

No hay de qué extrañarse, al fin y al cabo Bellido Dolfos también era español.

Pues sí, por extraño que parezca hubo una vez un desfile militar en BARCELONA.

Fuente : Republica