Juan Chicharro «Religión y guerras»

Juan_ChicharroA lo largo de los siglos pasados Europa se vio envuelta en numerosas guerras, la mayoría civiles, donde las diferencias religiosas fueron la causa fundamental de los conflictos bélicos.

Así fue en Inglaterra tras el cisma provocado por Enrique VIII, en Francia los católicos contra los hugonotes calvinistas, en Alemania la reforma protestante contra los católicos y otras más donde la crueldad y ensañamiento entre cristianos desangró nuestro continente.

Cuesta comprender desde la perspectiva de nuestros días las matanzas por la causa de un Dios. ¿O no?

Sin embargo, la verdad es que poco ha cambiado esto.

Asistimos, por ejemplo, estos días, a polémicas y espectáculos incomprensibles en nuestra universidad donde la existencia o no de una capilla destapa odios ancestrales más ligados a tiempos pasados que a nuestro presente. Parece increíble pero así es.

Pero más extraños e incomprensibles a nuestros ojos son los innumerables conflictos con los que nos topamos en todo el norte de África y Oriente Medio  en los que, amén de otras causas, la religión es causa de toda clase de tropelías.

Asistimos atónitos a la lucha entre chiíes y sunníes tal que si nos hubiéramos retrotraído al siglo XVI en Europa.

Entre los varios efectos que la denominada “primavera árabe”  ha ocasionado nos encontramos con la caída de algunos regímenes autocráticos y la consecuente lucha a muerte entre los dos grupos religiosos coránicos ya citados.

La causa religiosa es determinante para ocupar el poder en medio de la anarquía reinante. Así, el chiísmo , apoyado e impulsado por Irán y con fuertes bases en Irak , Siria y Líbano busca dominar la zona en su conjunto mientras que el sunismo, que tiene su apoyo fundamental en Arabia Saudí y las monarquías del Golfo, aspira no sólo a impedirlo sino a la misma ambición.

En definitiva, lucha por el control geoestratégico del Medio Oriente que arde en llamas por todas partes; situación lamentable y peligrosa a la que ha contribuido con creces la desastrosa actuación de los EEUU en Irak que ha constituido un auténtico fiasco. Vamos un desastre.

Por lo que a Europa se refiere dos son los efectos principales consecuencias de los conflictos citados: de una parte la infiltración del “yihadismo” en nuestra sociedad y de otra la de la masiva inmigración ilegal.

En cuanto a la presencia de células radicales islamistas en Europa occidental el mero hecho de tener conocimiento de la participación en aquellas guerras de nacionales de un elevado número de personas – se calcula que en Siria más de un 30% de los combatientes incorporados a la lucha proceden de Europa, españoles incluidos – debería ponernos en alerta máxima ante la posibilidad de una previsible organización armada en nuestro continente.

Y, ¿qué decir en cuanto a los problemas derivados de la inmigración?

Cuando sabemos que en Egipto la tasa de desempleo es de más del 50%, en Marruecos del 40%, en Libia del 52% y hasta en la riquísima Arabia Saudí del 45% debemos prepararnos para lo que ya estamos viendo : el intento de asalto permanente a nuestro continente .

Es lo que vemos todos los días en Ceuta y Melilla, si bien aquí lo que nos encontramos son subsaharianos desesperados y dispuestos a todo. Atención a esto pues, aunque no se difunda, muchos de ellos en su largo camino a Europa han pasado bajo el tamiz de redes fundamentalistas islámicas. En concreto hay constancia de ello en Mauritania de los procedentes de la República Centroafricana. Algunos hasta más de un año es el que han pasado allí siendo adoctrinados.

Lo que está sucediendo ante nuestra mismísima puerta obliga potenciar capacidades de inteligencia y de defensa muy superiores a las propias actuales, que, digan lo que digan, son insuficientes.

Las guerras de religión que se desarrollan en esos países de nuestra frontera sur alertan a nuestros dirigentes de la importancia de lo que acabo de decir. Se sabe.

Sin embargo, y a pesar de ello, leer el informe que sobre la potencia de los ejércitos en el mundo presenta ” business global power” y ver que nuestras FAS ocupan un lugar por la cola es asunto ciertamente preocupante.

La situación en el norte de África y en el Medio Oriente se asemeja bastante, salvando las diferencias, a lo vivido en Europa siglos atrás: crueldad, integrísimo, fundamentalismo, en definitiva nada bueno.

Atención a lo que se nos viene encima.

Fuente: Republica

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